El manejo del craving es una situación determinante para la prevención de recaídas en las personas con problemas de adicción, puesto que es el factor más frecuente de abandono terapéutico. Los pensamientos, sentimientos y conductas que se presentan durante el período de abstinencia pueden lograr, por su intensidad y su naturaleza, que el consultante abandone el tratamiento y reincida, dado el poder que éste ejerce sobre la persona, incluso, después de varios años de abstinencia. Por lo tanto, el craving se ha constituido en una gran dificultad para las personas que presentan una adicción química o comportamental.
El DSM 5, menciona que el craving se observa con frecuencia (quizá en todos) en los consultantes adictos, a la vez que lo describe como una “necesidad irresistible de consumo”. Esa necesidad tiende a realizarse de manera casi inmediata y se alcanza por medio de un acto consumatorio. “Los craving y los impulsos por el consumo o por la realización de la conducta tienden a ser automáticos y llegar a ser «autónomos», es decir, pueden continuar incluso aunque la persona intente suprimirlos, no se eliminan con facilidad” (Sánchez 2002). Por esto, su abordaje es de gran importancia para el tratamiento de la persona adicta, y el psicólogo debe conocer las estrategias que le competen para integrarse dentro de un equipo multidisciplinario y brindar un servicio de alta calidad al consultante para contribuir a su recuperación. De ahí la importancia de conocer las estrategias para el manejo del craving, las cuales son, cognitivo conductuales (de pensamiento y de comportamiento).

